martes, 14 de abril de 2015
domingo, 12 de abril de 2015
1OMA S. MUNDO
Estados Unidos y Cuba dejan atrás medio siglo de hostilidades
"Era el momento de intentar algo nuevo", le dijo presidente de EE. UU a su homólogo de la isla.
En Panamá se hizo historia. El diálogo franco entre los presidentes de Estados Unidos, Barack Obama, y de Cuba, Raúl Castro, tras casi 60 años de hostilidades, no solo por lo que se dijeron, sino también por el tono usado, rompe en dos el relato de lo que han sido las relaciones entre los dos países, marca de la mejor manera una nueva era de reconciliación y sepulta, al menos en la región, los rezagos de la Guerra Fría.
Primero fue un saludo casual antes de la instalación de la cumbre en la noche del viernes. Luego fueron los respectivos discursos en el plenario de la VII Cumbre de las Américas, y después fue un esperado encuentro cara a cara –el primero en casi 60 años–, en el que los mandatarios reiteraron los buenos propósitos en esta nueva etapa en un cruce de elogios y expresiones conciliatorias que no dejaron de asombrar a la concurrencia, que esperaba un cambio de tono, pero no tanta calidez.
“Los cambios de política hacia Cuba abren una nueva era en el hemisferio”, dijo Obama en su discurso ajustado a los tiempos establecidos. “Me comprometí a construir una nueva era de cooperación con base en intereses de respeto mutuo. He cumplido con ese compromiso; nos reunimos aquí en un momento histórico”.
Por su parte, Castro arrancó diciendo en su discurso, que duró 47 minutos: “Ya era hora de que yo hablara aquí a nombre de Cuba”, en referencia a que se rompía el aislamiento de la isla, marginado del sistema interamericano desde hace décadas.
Después de hacer un largo relato sobre la historia de las agresiones de EE. UU. a Cuba y en general a Latinoamérica, Castro se excusó con Obama.
Ambos mandatarios ya se habían dado la mano durante el funeral de Nelson Mandela en diciembre de 2014. Foto: AFP
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Las disculpas de Raúl Castro
“La pasión me sale por los poros cuando de la revolución se trata. Pero le pido disculpas al presidente Obama, porque él no tiene nada que ver con todo esto”. Y luego precisó que este diálogo marca el fin de las “agresiones históricas”. “Diez presidentes (de EE. UU.) tienen deudas con nosotros, pero no el presidente Obama (...) Él es un hombre honesto y lo admiro”, dijo.
Mientras Obama habló de la posibilidad de pasar la página y de no estar atado ni a la historia ni a las ideologías, Castro recordó lo importante que sería para la reconciliación la exclusión de la isla de la lista de Estado patrocinadores del terrorismo, y el levantamiento del bloqueo que tanto ha lastrado la economía cubana.
Obama reiteró: “Ahora estamos en condiciones de avanzar en el camino hacia el futuro (...) Con el tiempo es posible que podamos pasar página y desarrollar una nueva relación entre nuestros dos países”.
Obama reiteró: “Ahora estamos en condiciones de avanzar en el camino hacia el futuro (...) Con el tiempo es posible que podamos pasar página y desarrollar una nueva relación entre nuestros dos países”.
En la reunión frente a frente y en las declaraciones posteriores ante la prensa, Castro habló de la necesidad imperiosa de dirigirse hacia un diálogo respetuoso con Washington: “Estamos dispuestos a dialogar de todo (...) Puede ser que nos convenzan de unas cosas y de otras no; no hay que hacerse ilusiones”, sostuvo Castro. El mandatario cubano reconoció que existen “muchas diferencias” entre ambos gobiernos. (Lea: EE. UU. 'no será prisionero del pasado': discurso de Obama en Cumbre)
Obama, por su parte, no dejó de mencionar los temas que más separan a los dos países. Dijo que su país seguirá haciendo presión en el tema del respeto a los derechos humanos en la isla y adelantó que, en las conversaciones, los esfuerzos estarán dirigidos a reabrir las embajadas en ambos países.
Los presidentes, Juan Manuel Santos y Nicolás Maduro hablaron de manera informal en la Cumbre de las Américas. Foto: Presidencia de la República.
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El otro tema clave de la cumbre fue Venezuela. Algunos de los mandatarios suramericanos de izquierda usaron sus minutos ante la plenaria para expresar reparos a las políticas que Estados Unidos aplica en la región, y en particular la declaratoria de que este país es una “amenaza a la seguridad” estadounidense, la cual sirvió para sancionar a siete funcionarios por violaciones a los derechos humanos.
El presidente venezolano, Nicolás Maduro, calificó de “error de origen” el decreto firmado por Obama con sanciones a varios funcionarios del Gobierno bolivariano, pero lanzó un mensaje para solucionar las divergencias.
“Le tiendo la mano”, le dijo Maduro a Obama, pero advirtió que Washington “ha cometido una agresión” contra Caracas con ese decreto que calificó de irracional y desproporcionado”. Y añadió: “No somos antiestadounidenses, somos antiimperialistas”. (Vea:Apretones de manos memorables en la historia)
El jefe de la Casa Blanca, no obstante, ya se había ausentado del salón de la plenaria antes de que Maduro comenzara su intervención para iniciar su encuentro con el presidente colombiano, Juan Manuel Santos.
Durante la reunión, Raúl Castro Solicitó el levantamiento del bloqueo comercial iniciado en 1962. Foto: AFP
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Prensa ‘mala’
Otro hecho particular lo protagonizó el mandatario ecuatoriano, Rafael Correa, quien rechazó lo que llamó el intervencionismo de EE. UU. en Latinoamérica y enfatizó que Washington no puede excusarse en la defensa de los derechos humanos para entrometerse en los asuntos internos de los países de la región.
“Cuando las élites latinoamericanas afirman que no existe libertad de prensa, es porque sus medios de comunicación ya no tienen impunidad para manipular la verdad o porque nos atrevemos a contestarles”, dijo Correa.
Obama usó unos minutos de su intervención para responder a estas críticas. “Quizás el presidente Correa tenga más criterio que yo en la distinción entre la prensa buena y la mala”, anotó el estadounidense, quien, en lo que también fue un mensaje tácito a Caracas, reiteró: “Pensamos que el ideal de no encarcelar a la gente si está en desacuerdo con nosotros es lo más justo”.
Al final, como sucedió en Cartagena, de la cumbre no salió una declaración oficial por el interés de Venezuela de introducir una mención de rechazo a las sanciones impuestas por Washington a sus siete funcionarios.
domingo, 5 de abril de 2015
9NA S.POLÍTICA
Visita del papa, la bendición que le faltaba al proceso de paz
Podría romper resistencias que persisten sobre penas alternativas y participación política de Farc.
Si es un hecho, como lo es que la principal
razón de la visita del papa a Colombia es respaldar de manera personal
el proceso de paz entre el Gobierno y las Farc, la gran pregunta es cuál
será el impacto de este apoyo en los diálogos de La Habana. El efecto
será doble: en la mesa y sobre la sociedad colombiana,
independientemente de que la visita ocurra este o el próximo año.
En la mesa porque, como es evidente en la
carta que anuncia su viaje al país, el papa Francisco abordará los temas
sensibles de la negociación. Los menciona de manera explícita: los
derechos de las víctimas a la verdad, la justicia y la reparación, y la
solución de los problemas de “injusticia, de inequidad, de corrupción,
de exclusión”.
El primer tema es la exigencia del país sobre las Farc y otros actores del conflicto armado. El segundo es el reclamo histórico de esta guerrilla frente al Estado.
Este fino equilibrio que muestra el papa antes
de venir a Colombia, y que seguramente va a ser el rasgo característico
de su mensaje al país, será sin duda valorado por las Farc, pues de
manera reiterada hablan de las responsabilidades compartidas en el
conflicto armado y en su solución.
No sería de extrañar que incluso antes de la visita de Francisco el grupo armado haga un gesto con las víctimas, más allá del que tuvo con las familias de la masacre de Bojayá el año pasado, a las que les pidió perdón.
Del lado del Gobierno, aunque ya este asumió
en la mesa compromisos para atacar los problemas de exclusión social y
política, como la distribución de tierras y la participación de las Farc
en elecciones, el mensaje del papa plantea la necesidad de que supere
la retórica y la traduzca en hechos.
El hecho de que el papa se tome el trabajo de
venir a Colombia para recordarle a cada parte su compromiso y
responsabilidad con la paz no pasará inadvertido en la mesa de
negociación.
El impacto más fuerte
Pero, quizás, el mayor impacto de la visita de Francisco será sobre la sociedad colombiana.
La ola emocional que puede desatar su
presencia en un país mayoritariamente católico, por su investidura y por
la cercanía que ha mostrado Francisco con la realidad de la gente desde
el inicio de su papado, podría producir un apoyo inusitado al proceso
de paz.
Esto, hasta el punto de que la presencia del
papa en Colombia podría convertirse en el parteaguas del proceso de paz
ante la opinión pública.
No sería extraño que, tras la visita de Francisco, en el país se hable de un antes y un después en la negociación con las Farc.
Si bien las encuestas indican que el optimismo
frente a la firma de un acuerdo de paz ha venido aumentando desde el
inicio de las negociaciones –el 19 de noviembre del 2012–, los mismos
sondeos siguen mostrando serias resistencias a que los jefes de las Farc
no paguen cárcel por los delitos graves que han cometido. Los
resultados son similares ante la idea de que participen de manera
directa en política.
No hay que descartar que el golpe anímico que
puede producir la presencia del papa en Colombia sea mucho más efectivo,
en términos de apoyo a la negociación con las Farc, que los esfuerzos
de pedagogía que está haciendo la Presidencia de la República en las
regiones y en los cuarteles militares.
Pero para que esto pase debe haber, a la par,
gestos contundentes de esta guerrilla frente al país. Para las Farc, la
visita del papa es la oportunidad para reconocer, por ejemplo, que
utilizar el secuestro como parte de la guerra fue un error.
Hasta el expresidente cubano Fidel Castro ha criticado con energía a esta guerrilla por el secuestro de civiles y la retención de prisioneros en las difíciles condiciones de la selva.
En su libro La Paz en Colombia se refirió a estas prácticas de las Farc como “métodos objetivamente crueles”.
Que los jefes de esta guerrilla lo asuman así,
sería una manera inteligente de capitalizar el impacto emocional que
tendrá sobre los colombianos la visita del Papa.
Bien dice una persona cercana al proceso de paz, que “la verdadera negociación no es entre el Gobierno y las Farc, sino entre estas y los colombianos”.
El tipo de beneficios que el Gobierno pueda
ofrecerles a los jefes de esta guerrilla comprometidos en delitos graves
dependerá de lo que el país esté dispuesto a aprobar, cualquiera que
sea el mecanismo de refrendación.
Finalmente, la perspectiva de que la presencia
de Francisco en Colombia provoque un impacto tan grande sobre el
proceso de paz enfrenta a la oposición uribista a un panorama político
muy complicado.
Salvo que cambie de estrategia, le resultaría muy difícil persistir en su oposición a ultranza a un proceso de paz que cuente con la bendición del papa. En esa bendición, que además de espiritual será política, está la trascendencia de la visita de Francisco a Colombia.
9NA S.TRATADOS DE LIBRE COMERCIO
"Ley 1712 de Transparencia y del Derecho de Acceso a la Información Pública Nacional".
Tratados de Libre Comercio firmados por Colombia
Tratado de Libre Comercio
entre los Estados Unidos
Mexicanos y la República de
Colombia
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Tratado de Libre Comercio
entre CAN-Mercosur y la
República de Colombia
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Tratado de Libre Comercio
entre la República de Chile
y la República de Colombia
|
Acuerdo de Libre comercio
entre la República de Colombia
y los Estados AELC (EFTA)
|
Acuerdo de Promoción Co-
mercial entre la República
de Colombia y Canadá
|
Acuerdo de Promoción Comercial
entre la República de Colombia
y Estados Unidos de América
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Acuerdo de Alcance Parcial
de Naturaleza Comercial
AAP.C N.° 28 entre la República
de Colombia y la República
Bolivariana de Venezuela
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Acuerdos suscritos
Acuerdo Comercial entre
la Unión Europea, Colombia
y Perú
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Acuerdo de Libre Comercio
entre la República de Colombia
y la República de Corea
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